Planeta con biosfera.
En la naturaleza existen dos magnitudes físicas: las magnitudes
escalares
es decir, la materia y las magnitudes vectoriales. De estas magnitudes,
la
civilización terrestre consideró que la forma fundamental
de existencia de la
naturaleza es la materia. El desarrollo de la civilización, al
interpretar los
fenómenos naturales bajo esta concepción, ha demostrado
ser erróneo y
destructivo para la biosfera de la Tierra. El Sol no es una esfera de
plasma
caliente comprimido por la gravedad. La Tierra no es una esfera de materia
comprimida por la gravedad. La electricidad no es una corriente de partículas
materiales. El universo no es el resultado de una gran explosión
que formó
la materia. La forma fundamental de existencia de la naturaleza son las
interacciones de propiedades vectoriales es decir, la energía
en forma
de espacio vectorial. El espacio vectorial orientado en circuitos
cerrados
ortogonalmente forma estructuras vectoriales macroscópicas (estrellas)
y
microscópicas (hidrógeno), lo que llamamos "materia".
Las interacciones
de las propiedades vectoriales ya conocidas la atracción
y la repulsión
de vectores pueden ocurrir de manera omnidireccional, es decir,
"tridimensional". Por tanto, el espacio tridimensional son las
propiedades
vectoriales: el espacio vectorial. La energía es el efecto de una
causa, y las
causas son las interacciones vectoriales. El tiempo es la medida de la
evolución de las interacciones vectoriales (de la energía);
su ausencia es
inexistente. El espacio vectorial se orienta en circuitos cerrados
ortogonalmente, formando vórtices. En el circuito vectorial cerrado,
la
propiedad vectorial de rotación axial orienta el espacio vectorial
alrededor
del circuito, formando otro circuito cerrado ortogonalmente. En realidad,
la propiedad de rotación axial de los vectores cierra simultánea
y
recíprocamente la orientación ortogonal de los circuitos,
formando una
estructura vectorial. En las estructuras vectoriales macroscópicas
asimétricas, la rotación axial de los vectores genera la
rotación diferencial
de la estructura, dando lugar a vórtices. Tales estructuras son
los cuerpos del
universo, observables en la estructura del Sol. El Sol es una estructura
de
espacio vectorial orientado en circuitos cerrados ortogonalmente. En los
circuitos cerrados ortogonalmente, el módulo de los vectores tiende
a cero
a un vector nulo y las fuerzas de atracción se convierten
así en fuerzas
centrípetas que comprimen mutuamente la densidad del espacio orientado
en circuitos. Las estructuras vectoriales macroscópicas son asimétricas:
el
espacio de un circuito se encuentra completamente rodeado y comprimido
por las fuerzas centrípetas del otro circuito, el cual asume la
función de núcleo.
Las fuerzas centrípetas del núcleo comprimen el espacio
orientado del
circuito ortogonal, afectando únicamente al segmento que rodean.
Las fuerzas vectoriales de repulsión del espacio vectorial orientado
en
paralelo situado en el circuito no comprimido expanden la
densidad
de dicho espacio hasta alcanzar el equilibrio con las fuerzas vectoriales
centrípetas (de atracción). De este modo, el espacio vectorial
del circuito
no comprimido del Sol alcanza una dimensión de dos años
luz y constituye
el gradiente de densidad del espacio vectorial orientado, definiendo
así la
extensión del sistema solar. En el gradiente solar, la densidad
del espacio
vectorial orientado aumenta exponencialmente hacia el núcleo. La
elevada
densidad en torno al núcleo forma así una esfera oscura
con una temperatura
de cero Kelvin. Esta es la estructura del Sol: el espacio vectorial conservado
mutuamente por dos circuitos ortogonalmente cerrados el gradiente
y el
núcleo que posee energía potencial. La densidad
del espacio vectorial
orientado en la capa situada sobre la superficie de la esfera oscura propicia
la formación de estructuras vectoriales microscópicas: el
hidrógeno.
Dentro de la densidad de dicha capa, las estructuras de hidrógeno
aumentan
su densidad y caen hacia el centro hacia la esfera oscura,
tal como
establece el principio de Arquímedes. La densidad del espacio vectorial
orientado según el gradiente justifica físicamente el principio
de Arquímedes,
refutando así la gravedad. El espacio vectorial fuertemente orientado
que
emana de la esfera oscura alinea el espacio dentro de la estructura de
hidrógeno; esta entra en oscilación y acaba descomponiéndose.
El hidrógeno, al presentar una baja densidad de oscilaciones, se
desplaza
hacia arriba según el principio de Arquímedes
y el ciclo se repite
continuamente. La dinámica de composición y descomposición
del
hidrógeno conforma la fotosfera solar, generando la luz y la temperatura
características. Evidentemente, la fotosfera constituye el único
estado
cinético de energía en la estructura solar; representa la
actividad del Sol y
dio origen a la cromosfera y a los planetas. Asimismo, la lavasfera de
la
Tierra formó los elementos nativos y la litosfera. Los planetas,
al estar
integrados en el gradiente solar, se desplazan en bloque junto con la
rotación diferencial del Sol, creando la ilusión de que
describen órbitas.
La Luna, al moverse simultáneamente con la rotación diferencial
de la
Tierra, genera la ilusión de estar girando alrededor de esta. Esa
misma
dinámica de la fotosfera se manifiesta en la atmósfera terrestre
mediante la
vaporización y condensación del agua en forma de precipitaciones
y
granizo, conforme al principio de Arquímedes. Newton interpretó
la
caída de los cuerpos como una fuerza de «atracción»
mutua entre ellos,
extrapolada a escala universal. Para expresar cuantitativamente dicha
fuerza de atracción, Newton introdujo el concepto de «masa
gravitatoria»
(o masa pesada). Einstein reformuló la atracción gravitatoria:
en su modelo,
la masa gravitatoria no genera una fuerza de atracción, sino una
curvatura
del «espacio-tiempo», inspirándose en las leyes de
Kepler. Mediante sus
leyes, Johannes Kepler describió sin saberlo la rotación
diferencial del
gradiente solar y, por extensión implícita, la de los sistemas
planetarios
contenidos en él. La elipticidad entendida como oscilaciones
verticales que atraviesan densidades espaciales con distintas
velocidades de rotación dentro del gradiente (apogeo/perigeo)
describe la rotación diferencial del Sol: la elipse de Kepler.