El declive de la biosfera.
La dinámica del hidrógeno en la fotosfera solar, donde la luz actúa como
gradiente, es el resultado de la interacción con diferentes densidades del
espacio vectorial. En la densidad más baja, las estructuras se componen,
aumentan su densidad y se desplazan hacia abajo, a una densidad mayor.
Al alcanzar una densidad mayor, las estructuras entran en oscilación,
reducen su densidad y se desplazan hacia arriba, a una densidad menor.
Básicamente, la dinámica consiste en una serie de interacciones de
propiedades vectoriales, un patrón repetitivo con otras estructuras
en la cromosfera, la lavasfera, la litosfera, la atmósfera y la biosfera.
La dinámica atmosférica es de particular interés, ya que está directamente
vinculada a la dinámica de la biosfera. El espacio vectorial en la atmósfera
terrestre estuvo y está continuamente en resonancia con la luz y con las
oscilaciones del hidrógeno en la fotosfera solar. Así, las estructuras
vectoriales en la atmósfera y la superficie terrestre se encontraban en
resonancia permanente con la luz solar, produciendo otros efectos:
En la superficie terrestre, las estructuras vectoriales minerales resonaban
con las oscilaciones de la luz, lo que provocaba un aumento de la temperatura
atmosférica. Las moléculas de agua entraban en resonancia, en oscilaciones,
convirtiéndose en gas, vapor de agua. En la densidad del espacio vectorial
orientado según el gradiente terrestre, la ley de Arquímedes impulsaba el
vapor de agua hacia arriba y generaba el circuito de agua en la atmósfera.
El movimiento ascendente y descendente del agua en el circuito orientaba
el espacio vectorial en circuitos cerrados ortogonales, con los efectos
conocidos: ciclones, rayos, etc. La circulación del agua alternaba la
temperatura con la violencia de los remolinos en la atmósfera. Otro efecto
fueron las condiciones para la aparición de estructuras vectoriales biológicas,
y la fotosíntesis dio origen al reino vegetal. La evolución de la vegetación
cubrió la tierra de bosques, con un océano de clorofila. El océano de
clorofila transformó la resonancia de la luz, convirtiendo la temperatura
en estructuras orgánicas y disminuyendo la temperatura de la atmósfera.
Mediante la fotosíntesis, el dióxido de carbono y el agua formaron las
estructuras de los organismos vegetales, liberando oxígeno del dióxido
de carbono a la atmósfera. La atmósfera oxigenada propició la aparición
de organismos parásitos de las plantas, que dieron origen al reino animal.
La civilización humana surgió del reino animal, y su desarrollo provocó la
deforestación masiva de bosques y del océano de clorofila, generando el
calentamiento global. En la atmósfera, el calentamiento global intensifica
la circulación del agua, alternándose con la violencia de los remolinos,
y tiende a restaurar nuevamente el océano de clorofila.
Materia.
La forma fundamental de la existencia de la naturaleza no es la materia,
sino el espacio vectorial. El espacio vectorial se compone de estructuras
vectoriales denominadas «materia». Sin embargo, los seres humanos
terrestres consideraron que la forma fundamental de la existencia de la
naturaleza es la materia. Con esta concepción, los seres humanos formaron
una cultura, una civilización, que funciona y se desarrolla. La forma en que
la civilización funcionó y se desarrolló afectó las condiciones naturales de
vida, el clima y la biosfera del planeta, debido a la concepción materialista.
La interpretación vectorial de la existencia de la naturaleza muestra
claramente las causas de la degradación de la biosfera planetaria (estructura
y funcionamiento del planeta). El espacio vectorial no puede «eliminar» la
cultura materialista, pero muestra la realidad de las discrepancias: desde la
estructura del planeta hasta los fenómenos eléctricos, la gravedad, etc.
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